THE ROMAN CATHOLIC
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Dear Friends in Christ,
 
Last week’s scathing grand jury report detailed graphic accounts of sexual abuse involving 300 priests and over 1,000 victim survivors in the State of Pennsylvania.

The grand jury findings described in horrific detail not only the abuse afflicted upon innocent children and youth by predatory clergy, but also unmasked a decades long pattern of protection, obfuscation, secrecy and concealment by bishops and Church authorities aware of this criminal behavior.  

This willful negligence further victimized innocent and vulnerable children and youth not only in Pennsylvania, but in dioceses across the land.   

These revelations have been the cause of embarrassment and disbelief for all of us in the Church.  

The report has unleashed a torrent of righteous anger and outrage directed at bishops and diocesan officials where these patterns of negligence, denial, and obfuscation were tragically a way of doing business.

The President of the United States Conference of Catholic Bishops, Cardinal Daniel N. DiNardo, described the present moment as a “moral catastrophe” visited upon our communities, largely caused by the failure and negligence of episcopal leadership.

Such wholesale dereliction on the part of diocesan leadership requires acknowledgement, accountability and atonement. 
 
In the name of the Church, I offer a humble apology to all of you, in my own name and on behalf of my brother bishops, also recognizing that words alone are not enough.  

This apology is coupled with firm resolve that our own Diocese of Las Vegas will continue to enforce its existing policies and practices that help ensure a safe and healthy environment for our children and youth. To that end, I underscore and reaffirm our commitment to the following:

  • There will continue to be zero tolerance for anyone against whom there is a credible allegation of sexual abuse of a minor and a prohibition against any service, in any capacity, within the Diocese of Las Vegas;

  •  Every complaint of child sexual abuse will be immediately reported to local law enforcement officials for its investigation with the full backing and cooperation of the Diocese of Las Vegas;

  • The Diocese will continue to rely on the wisdom and direction of the existing Oversight Review Board, whose membership includes (and now retired) district attorney, an individual who has served on the Nevada State Board of Nursing; a person who served three years on a federal grand jury, an attorney who does not represent the Diocese of Las Vegas, and a pastor;

  • We will continue to require criminal background checks and fingerprinting processed through both the State of Nevada and the Federal Bureau of Investigation, a practice that exceeds standards established by the Dallas Charter for all persons, paid or volunteer, serving in any capacity in the Diocese; and

  • In the name of transparency, I am further proposing to the Oversight Review Board that we publish the names of those priests who have had past credible complaints of sexual abuse against minors.

In recent days, I have been encouraged by the leadership of the United States Conference of Catholic Bishops for formulating policies and processes to hold bishops “to the highest standards of transparency and accountability.”

These goals, according to Conference President Cardinal DiNardo, “will be pursued according to three criterion:  proper independence, sufficient authority and substantial leadership by the laity.”  The proposed policy will ultimately require the approval of Pope Francis.

This motion is the first of its kind, and in my opinion, long overdue.  It will be presented to the full body of bishops at the Baltimore Assembly in November.  It will have my full and unqualified support.  

While these revelations are tragic and distressing, they also provide an opportunity to further purify and strengthen the Church, heal its gaping wounds, create new accountability, bring an end to secrecy and concealment, and further protect the precious children and youth of our community.

Finally, it is important that we do not permit these crises to overshadow the Church’s mission and ministry that I have repeatedly observed first hand during my short tenure in this vibrant community.  

I ask for God’s abundant blessings upon you and your families, and for special blessings upon all victim survivors of sexual abuse.   

I also humbly request your prayers during these difficult and trying days.  We will not let darkness and shadows conceal the Son of God.  

Working together we can emerge a stronger, more transparent Church and move forward into a future full of hope. 

Sincerely yours in Christ,

+George Leo Thomas Ph.D.
Bishop of Las Vegas

Queridos Amigos en Cristo,

El reporte mordaz de un gran jurado la semana pasada detalló relatos gráficos de abuso sexual involucrando a 300 sacerdotes y más de 1,000 víctimas sobrevivientes en el estado de Pennsylvania..

Los hallazgos del gran jurado describieron con detalles horrorosos no solo el abuso infringido a niños y jóvenes inocentes por clero depredador, también desenmascaró un patrón de protección, ofuscación, secretos y ocultación por parte de los obispos y las autoridades de la Iglesia conscientes de su comportamiento criminal.

Esta negligencia malévola permitió que un número mayor de niños y jóvenes inocentes y vulnerables se convirtieran en nuevas víctimas no solo en Pennsylvania, sino en Diócesis en toda la nación.

Estas revelaciones sorprendentes han sido causa de vergüenza e incredulidad para toda la Iglesia.

El reporte también ha desatado un torrente de coraje e indignación hacia los obispos y oficiales diocesanos donde estos patrones de negligencia, denegación y ofuscación fueron, trágicamente, una práctica constante.

El Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, Cardenal Daniel N. DiNardo, describió este momento como una “catástrofe moral” para nuestras comunidades, causada en gran parte por el fracaso y negligencia del liderazgo episcopal.

Tal fracaso de parte del liderazgo diocesano requiere reconocimiento, responsabilidad y expiación.

En nombre de la Iglesia, yo les ofrezco una humilde disculpa a cada uno de ustedes, en mi propio nombre y de parte de mis hermanos obispos.

Reconociendo, sin embargo, que una disculpa no es suficiente, esta disculpa va acompañada con una firme resolución para que nuestra propia Diócesis de Las Vegas continúe, como lo ha hecho recientemente, implementando pólizas y prácticas que ayuden a garantizar un ambiente seguro y sano para nuestros niños y jóvenes. Con ese fin, yo reafirmo los siguientes compromisos:

  • Seguiremos con cero tolerancia para cualquiera persona sea clero, religioso, laico, pagado o voluntario que tenga alguna acusación creíble de abuso sexual de niños para servir en ninguna capacidad en la Diócesis de Las Vegas;

  • Cada queja de abuso sexual de niños se reportará a las autoridades locales de la ley para su investigación con la plena cooperación de la Diócesis de Las Vegas;

  • La Diócesis confiará en la sabiduría y dirección del Comité de Revisión Diocesana, entre cuyos miembros participan un fiscal de distrito antiguo y (ahora retirado), una persona que haya servido en el Consejo de Revision de Enfermeria, una persona que haya servido tres años en un gran jurado federal, un abogado que no representa a la Diócesis de Las Vegas y un párroco;

  • Seguimos requiriendo verificaciones de antecedentes criminales y huellas procesadas por ambos el estado de Nevada y la Oficina Federal de Investigaciones, una práctica que exceda los estándares establecidos por la Carta de Dallas para todas personas, pagados o voluntarios, sirviendo en cualquiera capacidad en la Diócesis; y

  • En nombre de transparencia, propongo más allá, al Consejo de Revisión de Supervisión Diocesana que publiquemos los nombres de sacerdotes que han tenido quejas creíbles en su pasado de abuso sexual contra menores de edad.

En los últimos días, los líderes de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos me han alentado para formular políticas y procesos para hacer que los obispos "cumplan con los más altos estándares de transparencia y responsabilidad".

Estos objetivos, de acuerdo el presidente de la Conferencia, Cardenal DiNardo, “serán perseguidos de conformidad con tres criterios: independencia adecuada, autoridad suficiente y liderazgo significativo por los laicos.” La póliza propuesta requerirá, en último instancia, la aprobación del Papa Francisco.

Esta moción es la primera de su clase, y en mi opinión, ha sido largamente retrasada. Se presentará a la congregación general de Obispos en la Asamblea de Baltimore en Noviembre. Tendrá mi total e incondicional apoyo.

Ya que estas revelaciones son trágicas y angustiantes, también nos proveen una oportunidad de purificar más profundamente y fortalecer a la Iglesia, sanar sus grandes heridas, crear responsabilidad, terminar con los secretos y ocultación, y seguir protegiendo a los niños preciosos y jóvenes de nuestra comunidad.

Finalmente, es importante que no permitamos que esta crisis ensombrezca la misión y ministerio de la iglesia que constantemente he observado directamente durante mi breve instancia en esta vibrante comunidad.

Le pido a Dios sus abundantes bendiciones sobre ustedes y sus familias, y pido bendiciones especiales sobre todas las víctimas sobrevivientes del abuso sexual.

También les pido, humildemente, sus oraciones durante estos días difíciles. No dejaremos que la oscuridad oculte al Hijo de Dios.

Trabajando juntos podemos ser una Iglesia más fuerte y transparente para poder seguir adelante a un futuro lleno de esperanza.

Sinceramente suyo en Cristo,

+George Leo Thomas Ph.D.
Obispo de Las Vegas

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